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La gente busca vivir con confianza; vivir tranquila; con la esperanza de un futuro mejor, y además, con seguridad para su propia vida y la de su familia. A menudo vemos estos deseos y necesidades básicas manifestarse diariamente, por ejemplo, en la búsqueda de un trabajo seguro y con un buen salario, y en la satisfacción de tener un lugar donde vivir y retener las pertenencias personales. Asimismo existen: el deseo de tener protección ante los elementos naturales, la violencia y hasta en la posibilidad de la muerte. Todos desean vivir en paz, sentirse protegidos y con la esperanza de que "todo les irá bien". 

No obstante, estos deseos agradables y necesidades básicas que brindan la sensación de felicidad, no están totalmente bajo nuestro control, debido a que existen fuerzas naturales y sobrenaturales que interfieren, e interrumpen, los buenos deseos, y esto causa cierto nivel de frustración. En una era de tantos avances científicos y tecnológicos, el porcentaje de personas insatisfechas y frustradas está incrementando cada vez más. Ninguna persona encuentra confianza, esperanza y protección permanente en nada, y como consecuencia de ello, los índices de alcoholismo, de drogadicción y de suicidios continúan en aumento. Frente a esta realidad nos preguntamos: ¿Hay algo que se puede hacer? 

La Palabra de Dios tiene la respuesta: “En el temor de Jehová está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos. El temor de Jehová es manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte” (Proverbios 14:26,27).

Temer a Dios produce confianza 

(El texto original en el idioma Hebreo dice: “En el temor del Señor [hay; uno tiene] confianza en la fuerza”; o “confianza fuerte”; o “una fortaleza segura”…)

A medida que nuestra relación personal con Dios aumenta, también aumenta nuestra confianza en él. El miedo al futuro, a la gente, o a cualquier otra cosa, es un síntoma de falta de comunión con Dios; en cambio, el temor a Dios es reverencia santa que produce confianza en él.

Otro texto dice: “Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma” (Salmo 143:8)

La relación personal con Dios provee sabiduría para la vida.

Temer a Dios produce la esperanza que necesitamos 

El temor del Señor no sólo brinda seguridad al individuo, sino también a la familia. Los padres y los hijos encuentran un poderoso refugio en Dios (Éxodo 20:5-6). Los hijos cosecharán los beneficios de los padres que temen a Dios. Los “hijos” también puede referirse a los hijos de Dios; es decir, a los salvados por Cristo Jesús.

Nuestra vida tiene significado; es una vida con sentido y con propósito. La gente que se concentra en sí misma, en la tecnología, o en líderes famosos y en los puestos de poder, siempre termina insatisfecha. Por el contrario, el Señor Jesucristo brinda una vida significativa y con un rumbo claro. Quienes confiamos en él, nunca estamos a la deriva, ni dependemos de la “suerte”, de la casualidad, o del destino. Nuestra esperanza se encuentra en el Creador y sustentador de todas las cosas, gracias a la salvación que hemos recibido de él.

Temer a Dios nos asegura Su protección ahora y después de la muerte 

Proverbios 14:27 “El temor de Dios es manantial de vida” (en Hebreo: “manantial [fuente] de vida”, indica el propósito y el resultado de la primera línea del texto (“en el temor de Dios está la fuente de confianza”). El miedo también es una fuente. La fuente de vida nos libra de la fuente de la muerte. (Hebreo: “lazos de muerte” “trampas mortales”). El fiel seguidor de Cristo está confiado en la protección de Dios, tanto en el presente, como en la eternidad: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, oh Dios, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8) 

“Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido. Pero los que para destrucción buscaron mi alma, caerán en los sitios bajos de la tierra (Salmo 63:7-9)

De modo que, las personas que tememos al Señor Jesucristo en nuestra vida, podemos vivir confiados, llenos de esperanza, y de protección permanente. Dios nos exhorta a seguir confiando en él, a afirmar nuestra esperanza sobre la base de Sus promesas, y a ser conscientes de Su presencia, la cual hace que nos sintamos seguros en sus poderosos brazos.

¿Tiene usted, esta confianza, esta esperanza y esta seguridad en Dios? ¿Se encuentra tranquilo y descansando en el amor de Dios? Si no es así, Dios le llama hoy a venir a él. Jesucristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).