Dios se place en nosotros cuando tenemos una relación inteligente, sabia y personal con Él, la cual no está basada en emociones, en ritos religiosos, o en una falsa confianza de que no habrá castigo para nuestra desobediencia. Dios se place en nosotros cuando le conocemos personalmente. Dios quiere que todos le conozcan personalmente, porque llegará un día cuando no habrá más oportunidad de conocerle.
Los que conocemos a Dios personalmente podemos celebrar, como dice el texto de Jeremías 9:23-26 (“alábese”) o jactarnos “santamente” de nuestra relación personal con Dios por medio del Señor Jesucristo, y también porque tenemos en Él la protección necesaria en tiempos de juicio.
El pueblo de Israel iba tras los ídolos, como lo hacían las naciones paganas, aun cuando había entrado en un pacto de fidelidad para con Dios. Ellos se confiaban en tener el templo pero Dios les advirtió que todo sería destruido a causa de la infidelidad.
No debemos alabarnos (celebrar, jactarse) por ser cristianos, como si ser parte de la religión cristiana fuese una garantía de salvación. Hay muchos que pertenecen a la religión cristiana pero no de corazón, no genuinamente, sino sólo por tradición familiar. No existe una protección especial que garantice salvarse a sí mismo de la condenación, ni tampoco salvarse a sí mismo en tiempos de conflicto personal, familiar, etc.
Los judíos habían creado una “sensación de seguridad” en la valentía, la sabiduría y las riquezas de ellos, o de los que tenían tales recursos. Pensaban que esas cosas eran la garantía de que Dios los estaba bendiciendo. Tenían el templo entre ellos, en el cual estaba la presencia de Dios. Esto les hacia pensar que podían vivir una vida ligera, inmoral, idolatra, y al mismo tiempo ser espirituales. Pero Dios, por medio del profeta Jeremías, les enseña que no existe tal separación.
Dios les muestra a los judíos de aquel tiempo que tenían un sistema religioso, con ritos de alabanza y adoración, ofrendas y leyes, pero por no haber entrado ellos realmente en el pacto de Dios, tales servicios no servían para nada.
Un comentarista de la Biblia dice: “Lo que más puede valer en la vida (sabiduría, poder, riquezas) no puede por sí solo ser el objeto de la auténtica gloria del hombre (sabio, poderoso, rico): sólo puede serlo el conocimiento del Señor, tal como aparece, misericordioso y justo… Si Israel se hubiese atenido a esta norma doctrinal y a esta práctica de vida, Jehová… nunca le hubiese rechazado.” (En cambio Israel se contentó con los ritos externos).
¿Y nosotros…qué podemos celebrar…qué es la vida cristiana?
La vida cristiana es entrar en el pacto con Dios, es nacer de nuevo; y la transformación producida por ese nuevo nacimiento es evidente, es obvia. Cuando el nuevo nacimiento ha ocurrido, y el creyente sabe que conoce personalmente a Dios, entiende que camina con Dios y que Dios le sigue transformando. Es entonces cuando puede alabarse (celebrar), en conocer, no solo acerca de Dios, de los misterios de Dios y de la doctrina -todas cosas muy necesarias-, pero alabarse de conocer personalmente a Dios. Alabarse en el sentido de estar tremendamente gozoso y agradecido de tener una relación personal con Dios a través del Señor Jesucristo. Significa jactarse santamente en el hecho de que Dios le ha salvado y ahora es uno de sus hijos. No significa jactarse en el conocimiento intelectual de Dios, sino en conocer personalmente a Dios. Por ejemplo, es como decir: “el Rey me conoce personalmente, y yo le conozco porque me adoptó y ahora es mi padre”.
La vida cristiana es conocer a Dios personalmente gracias al sacrificio de Cristo en la cruz, y a Su triunfo sobre la muerte en la resurrección. Pero este hecho histórico, maravilloso e indudable, solo transforma tu vida cuando al creerlo de todo corazón, pones tu fe en Cristo, y entras de esa manera en el Nuevo Pacto con Dios.
Pero debes comprender que entrar en este Nuevo Pacto requiere renunciar a cualquier otro pacto de fidelidad dado a cualquier otro dios pagano (un ídolo), ya sea de madera, cerámica, o una imagen virtual, y un ídolo en tu corazón y en tu mente, como el materialismo, el sexo, las relaciones inapropiadas, los vicios, la auto absorción, y otros.
Nuestra seguridad viene de nuestra relación con Dios, y no viene de conocer información acerca de El, o de “conocerle de oídas”. Job temía a Dios, pero aun no lo veía como un Dios personal, como Su Salvador y Señor. Esto cambió después del su encuentro personal con Dios. Aun con el gran respeto que Job le tenía a Dios, no había nada de qué gloriarse, porque sus buenas obras y la buena vida que vivía, no eran el resultado de su sabiduría, de sus riquezas, o de su seguridad. Job tuvo que aprender que conocer personalmente a Dios, y vivir para Dios, era el único motivo para gloriarse.
No es en el conocimiento intelectual de Dios en lo que podemos gloriarnos, sino en conocer personalmente a Dios. Estas son dos cosas tan diferentes, que si no las distinguimos, corremos el riesgo de vivir engañados. Conocer a Dios es relacionarse personalmente con Él, y esa relación personal nos hace comprender que dependemos de Él porque somos criaturas débiles. Pero tambien nos abre los ojos a las bendiciones que tenemos en el Señor Jesucristo y en Su misericordia para con nosotros. Cuando conocemos personalmente a Dios entendemos las cosas divinas (1 Corintios 2: 14,15)
Quien conoce personalmente a Dios nunca se gloría en su propia sabiduría, tampoco en su seguridad financiera, o en su conocimiento religioso, o en nada de lo que posea, sino sólo se gloria en Dios. Dios se place en la persona que le conoce, porque tal persona ve con claridad que El es un Dios de amor (“hago misericordia”), es un Dios recto (“hago juicio”), y es un Dios justo (“hago justicia”). Dios no es una o dos de esas tres cosas: Dios es amor y su amor incluye su justicia. Dios ama y Dios castiga porque ama. Dios ama y porque ama castiga al que no ama. Esto es justo. Dios ama en Cristo y por eso cargó en Cristo el pecado de todos. Y por la misma razón, es justo que Dios juzgue a los que rechazan Su amor.
¿Qué es conocer a Dios? No es la experiencia intelectual de saber de Dios: No es repetir conceptos y memorizar rezos. Es un grave peligro creer que se puede conocer a Dios de esta manera. Tener información acerca de Dios mantiene un lugar de importancia, pero tal conocimiento se obtiene por una mera actividad intelectual. Conocer a Dios no es una experiencia meramente emocional. Las emociones humanas juegan papeles muy importantes en la vida, eso es natural, y a menudo completamente sano, pero algunas personas se dejan llevar por las emociones y hacen cosas que no deberían hacer. Las emociones pueden ser confusas, inciertas, aun peligrosas. La Biblia dice: "Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 14:12). No podemos confiar en nuestros sentimientos. Al respecto, el profeta Dios dice: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9). Y en el libro de Proverbios encontramos esta declaración: ”El que confía en su propio corazón es necio…" (Proverbios 28:26). Está claro que confiar en los sentimientos puede llevarnos a cometer grandes errores, entre ellos, el alejarnos del verdadero conocimiento de Dios.
Las emociones no nos fueron dadas para revelarnos a Dios; de hecho, ellas pueden llevar a toda clase de prácticas falsas. La búsqueda de información para conocer a Dios no se encuentra en sí misma, tampoco está en las emociones, sino que viene de una relación única con Dios. Conocer a Dios es desarrollar un vínculo personal de comunión entre el que conoce y el que es conocido.
De modo que, ¿cuál es la clave para conocer verdaderamente a Dios?" En primer lugar, arrepintiéndonos y viniendo a Cristo de manera personal (Juan 1:12). Nada es más importante que entender esta verdad cuando se trata de conocer a Dios. Jesús deja en claro que solo Él es el camino al cielo y al conocimiento personal de Dios (Juan 14:6). Una vez hecha esta decisión, la jornada de conocer a Dios de manera personal inicia el largo recorrido. Ahora que se ha tomado la decisión de seguir a Cristo y recibirlo ¿Qué más se necesita para empezar una relación verdadera con Dios y conocerlo mejor? ¿Esperar una señal del cielo? ¿Dedicarse continuamente a hacer buenas obras? ¿Intentar ser una mejor persona? ¡Nada de esto! Dios declara muy claramente en la Biblia, que el nuevo creyente debe dedicar un tiempo especial de comunión para estar a solas con su Señor, de manera que ello se convierta en un hábito de todos los días.
Con notable franqueza, el apóstol Pablo podía decir "… yo sé en quién he creído" (2 Timoteo 1:12). Pablo hablaba con tal convicción, no sólo porque conocía las Sagradas Escrituras, sino porque había desarrollado una relación personal e íntima con Dios, de modo que en varias ocasiones había experimentado la fidelidad y las promesa de Dios. Esa es la razón por la que Pablo hallaba tanto gozo, debido a su confianza firme tanto en Dios como en su Palabra (Filipenses 4:12-13; 2 Timoteo 4:16-19).
¿Conoces verdaderamente a Dios? ¿Deseas conocerlo hoy mismo?