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El Señor Jesucristo nos dejó la orden de hacer discípulos, enseñándoles a poner en práctica todas las cosas que él nos ha mandado, y nos aseguró que estaría con nosotros, para hacer discípulos, hasta que regrese a la tierra. Amigo: esta es la tarea más importante que tenemos los cristianos. Proclamamos el mensaje de la salvación en Cristo Jesús, constantemente y a todo el que quiera oírnos. 

Un autor dijo: “Ser un discípulo es ser un seguidor de Jesús; decidir vivir las reglas de Dios en vez de las reglas del mundo (de la cultura). El llamado al discipulado es un llamado a poner a Jesús, y su voluntad para nuestras vidas, por encima de cualquier cosa. El discipulado tiene un costo, pero también promete una recompensa mayor que la que cualquier otro pueda dar.” Las personas a quienes discipulamos necesitan saber lo que cuesta seguir a Jesús (Lucas 14:26-27).

El Señor Jesucristo nos ordenó hacer discípulos y esa orden implica la enseñanza junto con la acción. Él dijo: “enseñándoles” (esto es teoría y demostración), “que guarden” (esto es la práctica y la repetición; un ciclo constante de estudio y práctica de la fe) “todas las cosas que os he mandado” (es decir: el mensaje completo, no sólo una parte del mensaje, sino todas las órdenes que nos ha dado para crecer en nuestra imitación de él mientras estamos en la tierra). 

Pero algunos prefieren el activismo (multiplicidad de eventos, de reuniones (“servicios”) y de programas) que exigen mucho tiempo cada semana. Esta tendencia al activismo produce creyentes dedicados, pero no consagrados, porque el activismo no produce discípulos fieles. El exceso de actividades le roban tiempo a lo más importante: el estar a solas con el Señor y el estudiar profundamente Su Palabra para saber cómo ponerla en práctica haciendo discípulos constantemente. Y el activismo no es un error que sólo cometen algunas iglesias; también podemos caer en esa trampa cualquiera de nosotros, por ejemplo, trabajando excesivamente, usando mal los medios sociales, el celular, los deportes, las fiestas, y cosas similares. El exceso de actividades, ya sean necesarias o innecesarias, es activismo. 

La iglesia cristiana tiene la responsabilidad de instruir, de formar, de entrenar, de enseñar a vivir en el mundo sin participar en las cosas del mundo. El activismo siempre lleva a la iglesia, y a cualquier individuo, a concentrarse en sí mismo.

La sana doctrina bíblica que acepta y que practica una persona (o la falta de esa sana doctrina), determinará también sus actitudes y sus decisiones. Por ejemplo: a comienzos de la década de los años setenta, se hizo popular un movimiento que enfatizaba al máximo la música en las iglesias, dedicándole gran parte del tiempo de los servicios, y dejando muy poco tiempo para la exposición de la Palabra de Dios. El resultado fue creyentes con mucho entusiasmo (algo que en ese momento era llamado "fuego"), pero con pocas bases para enfrentar los problemas del diario vivir. Muchos dejaron a un lado la tarea de enseñar la sana doctrina, y ello abrió las puertas a muchos excesos que continúan en la actualidad. 

No pasó más de una década hasta que el analfabetismo bíblico diera lugar a divisiones, a competencias por posiciones de liderazgo, a declaraciones condenatorias en contra de todo aquél que desease prepararse mejor, y a una formación muy pobre de los nuevos creyentes. Es por esa razón que todos hoy necesitamos ser usados por Dios para enseñar la sana doctrina y cerrar las puertas a lo falso.

Otros movimientos que también se hicieron populares en aquellos años, promovieron la prosperidad como la mayor señal de la bendición de Dios. Luego se infiltró el humanismo y la nueva era con sus enseñanzas de “Usted puede”, “Usted es un dios menor” (o un futuro semi-dios), así que llame a las cosas que no son como si fuesen…”  

Como vemos, lo que creemos determina nuestras decisiones, y ellas tienen consecuencias en la vida diaria. Es por ello que Dios nos ha llamado a hacer discípulos, y no admiradores de Cristo, o aprovechadores del poder del Señor Jesús, intentando usarlo para propósitos personales y egoístas.

Ser un discípulo de Cristo es seguirlo de cerca para aprender a caminar con él y como él. El texto del libro de Hebreos 13:9 lo declara muy bien: "No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.”      

Nuestro corazón, es decir, nuestra manera de pensar, de sentir y de tomar decisiones, debe estar afirmado en la gracia de Dios y en conocerle cada vez mejor, o de lo contrario, nuestro corazón se alimentará de “viandas”: de ideas que no aprovechan, sino que nos producen vivir engañados. En cambio, Dios nos ordena ser discípulos del Señor Jesucristo. Él nos ha dejado la predicación, la enseñanza, la exhortación, el compañerismo y la oración como herramientas poderosas para aprender a andar como él anduvo. 

Hoy, nuestro Señor nos hace un llamado a tomar seriamente la orden de hacer discípulos y de ser discipulados. Dios quiere que usted se esfuerce y sea un verdadero discípulo ¿querrá obedecerle?