Texto: Proverbios 13:13-16
“El que menosprecia el precepto perecerá por ello; mas el que teme el mandamiento será recompensado. La ley del sabio es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte. El buen entendimiento da gracia; mas el camino de los transgresores es duro. Todo hombre prudente procede con sabiduría; mas el necio manifestará necedad”.
Introducción:
(Definición) - Consecuencia: “aquello que resulta a causa de una circunstancia, un acto o un hecho previos. Hecho o acontecimiento que se sigue o resulta de otro.” (Diccionario RAE).
Nuestras decisiones y nuestras acciones tienen consecuencias. No siempre pensamos ni mucho menos, medimos, las consecuencias antes de actuar, y no siempre apartamos un tiempo para dedicarnos a pensar en las consecuencias de nuestras acciones. Es aquí, donde tener la Palabra de Dios en nuestra mente, y practicarla, hace la gran diferencia, ya que cuando conocemos la Biblia, ella nos guía a saber qué decisión tomar, y como resultado, somos bendecidos.
I. Si no toma en serio la Palabra de Dios, sufrirá las consecuencias
El que no hace caso de la Palabra de Dios, se rebela contra él, y esto atrae destrucción a su vida. La consecuencia de rebelarse contra Dios es muerte. La consecuencia de obedecer a Dios es vida y paz.
Algunos ejemplos de rebeldía a la Palabra de Dios, son: el espíritu (o forma de ser), independiente; la arrogancia del caído que no quiere aceptar la ayuda para levantarse; la arrogancia del que no quiere ir al ritmo de Dios (el ejemplo del freeway y carros impacientes, dado hace pocas semanas en la reunión de oración).
No debemos menospreciar el precepto, es decir, la Palabra de Dios, porque la consecuencia es atraer destrucción, parcial o total, a nuestras vidas. Menospreciar el orden de Dios muestra rebeldía. Algunos ejemplos que encontramos en la Biblia, de personas que menospreciaron los preceptos de Dios:
Génesis 25:34 “Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”. Este menosprecio de parte de Esaú mostró que le importó poco el privilegio que tenía, en comparación con la gratificación presente de su apetito. Esaú lo echó todo a perder por una minucia. El apóstol se refiere a Esaú como una "persona profana”.
2a Crónicas 36:15,16 “Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio”.
La conducta y el estilo de vida de los transgresores, llamados aquí “imprudentes”, es duro (Lit. “áspero”, como la tierra que no es apta para el cultivo). La manera de vivir de las personas que desprecian la Palabra de Dios, los conduce a la calamidad, y no les da el favor de Dios, ni tampoco les gana el favor de personas que temen a Dios. El camino de los violadores de la ley divina, los lleva a la muerte.
II. Si toma en serio la Palabra de Dios, las consecuencias serán maravillosas
Temer (respetar, estimar) el mandamiento de Dios, produce la bendición de ser recompensado, es decir, de estar bien, de sentirse emocionalmente saludable, de vivir en paz. El que teme a Dios, respetando y estimando las instrucciones que él da, es recompensado con la vida abundante. La ley (instrucción) del sabio, se refiere en este texto a la ley de Dios que ellos siguen, y que sacan de su boca como una fuente de vida, la cual los aparta de la auto-destrucción. El buen entendimiento de la Palabra de Dios, y el conocimiento experimental y práctico de ella, producen gracia y favor, tanto con Dios como con los hombres.
La obediencia a Dios prueba nuestro amor y nuestra fidelidad a él, lo glorifica en el mundo, y abre caminos de bendiciones para nosotros (Juan 13:17).
Algunos ejemplos que encontramos en la Biblia, de personas que temieron a Dios obedeciendo su Palabra:
Daniel 1:8 El profeta Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida del rey, porque aunque tal vez era muy atractiva a la vista, era impura según la ley de Dios.
Lucas 1:38 María obedeció la Palabra de Dios, y se sometió a él aún a riesgo de su propia vida.
La persona prudente (o cautelosa) procede con sabiduría, trata su vida y sus cosas de acuerdo al conocimiento que tiene de la Palabra de Dios, y actúa con prudencia.
III. Las buenas y las malas consecuencias siempre se hacen visibles
Tanto la sabiduría del que teme a Dios, como la necedad del que lo menosprecia, salen a la superficie y se hacen visibles a todos. Dios usa lo que podríamos considerar como “filtros”, que revelan “de qué estamos hechos”.
El necio manifestará en público su necedad. Las consecuencias de su menosprecio por la Palabra de Dios se harán evidentes. El necio pide consejo, pero no lo sigue; su manera de comportamiento es independiente; no se ubica, porque no le da importancia al conocimiento de Dios, al lugar, ni a las personas con las que tiene que tratar; oye la Palabra, y está de acuerdo con ella, pero no la obedece; todo lo critica, porque sus inseguridades personales reaccionan como los brotes alérgicos de la piel. Si el necio no cambia, es fácil anticipar hacia dónde va a parar.
En cambio la persona que ama y practica la Palabra de Dios, hace, dice, y decide, después de consultar y de aprender; es prudente y se ubica en el tiempo, en las personas y en las situaciones (Adaptado de T. Cartwright); y puede amar a su prójimo como a sí mismo (Marcos 12:31), porque en vez de producir la destrucción de su carácter moral, como el necio, es espiritualmente saludable y crea un ambiente que promueve la salud de los demás.
CONCLUSIÓN
Nuestras decisiones y nuestras acciones tienen consecuencias. Tener la Palabra de Dios en nuestra mente, y practicarla, hace la gran diferencia entre la sabiduría y la necedad, porque cuando conocemos la Biblia, a través de ella Dios nos guía a saber qué decisión tomar, y como resultado, somos bendecidos.