Hay personas que aun tienen problemas para controlar su conducta en casa. Si son casados, sus matrimonios tienen problemas de constantes desacuerdos y peleas. También existen aquellos que luchan con adicciones: cigarrillo, pornografía, adicciones sexuales, etc. Otros luchan con la ansiedad, el temor, y las fobias; con los celos, la envidia, el rencor, el orgullo y la vanidad. Tampoco faltan aquellos que son posesivos, manipuladores, controladores, y legalistas. ¿Cuál es la fuente que alimenta todos estos pecados? Esa fuente es la insatisfacción con la vida.
La satisfacción del alma es una necesidad de todos los seres humanos. Todos queremos ser felices. Todos queremos sentirnos seguros. Todos queremos tener suficiente provisión, y todos queremos tener buenas relaciones interpersonales. No obstante, satisfacción total del alma se encuentra solamente en la reconciliación con Dios. Jesucristo es la fuente de vida eterna que satisface nuestra alma.
La persona que busca en fuentes echas con manos humanas (tradiciones, religiones humanas, sus propias ideas personales, el entretenimiento, los vicios), nunca será satisfecha, sin embargo, quien bebe de la fuente que es Dios mismo, no tendrá sed jamás.
La Biblia, que es la Palabra de Dios escrita para nosotros, nos muestra los frutos de un alma que está satisfecha en Cristo (Juan 4:13-14). En el relato de la mujer samaritana, se nos dice que ella había estado buscando la felicidad en los hombres, pero ninguno de ellos pudieron satisfacer su deseo de ser feliz. Otros relatos de la Biblia también nos cuentan de hombres que buscaron la satisfacción de su alma en lugares equivocados. Todos ellos se frustraron con la gente y aun con sus propias vidas.
Amigos, la verdadera satisfacción de nuestra alma la encontramos en la relación personal con Cristo, quien guía nuestros pensamientos, nuestras decisiones, actitudes y acciones en todas las áreas de la vida. Un alma que está satisfecha en Dios tiene la consciencia tranquila, tiene un carácter bajo control, toma decisiones inteligentes, tiene una paz que sobrepasa todo entendimiento; tiene un gozo divino que los que buscan satisfacción en otras cosas, o personas, no pueden comprender. Un alma que está satisfecha de Dios supera la ansiedad, el temor, y las fobias, porque su meta deja de ser la libertad de esos problemas, y en cambio, su meta es estar bien con Dios, quien le hace verdaderamente libre.
La satisfacción del alma viene por creer en Jesucristo y en el sacrificio que él hizo muriendo para salvarnos, y cuando creemos, venimos a él como el pan y el agua de vida que nos satisface. No es sólo la decisión de venir a él; es tener fe en él. Por todo lo dicho, no venir a Cristo es una terrible ofensa que la Biblia llama pecado, y tiene como consecuencia la perdición. Rechazar la acción de venir a Cristo es llamada “maldad” delante de Dios, debido a que la persona que rechaza el llamado de Dios a venir a Cristo, escoge otra fuente imaginaria para satisfacer su necesidad de paz y felicidad.
Tomando la analogía del agua, debemos decir que la persona que rechaza a Cristo, el agua de vida, escoge tomar agua sucia de alguna fuente inventada por la humanidad bajo inspiración de Satanás.
Ahora bien, cada día, Dios le invita a beber del agua de vida, que es Cristo el Señor, sin embargo, si usted decide ir a otra fuente de agua, o seguir esperando para tomar la decisión de responder a la invitación de Dios, sepa, pues, que nada le ha de satisfacer, y que su rechazo tiene consecuencias fatales. ¿Está usted buscando la satisfacción de su alma en otras fuentes? Arrepiéntase ahora mismo, venga a Cristo, reciba el perdón de Dios y la reconciliación con él, y él le hará un hombre totalmente satisfecho.