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Hechos 4:32 al 5:11

Los primeros cristianos demostraron que en medio de la oposición y la incertidumbre, -donde podían llegar a perderlo todo por seguir a Jesús- el dinero y los bienes materiales que poseían no los poseían a ellos. Los primeros cristianos nos dejaron uno de los mejores ejemplos de cómo vencer el amor al dinero, y en su lugar, adorar a Dios en espíritu y en verdad. Pero hoy en día, muchos son influenciados por el materialismo, y por ello, al menos en parte, no adoran a Dios como Él busca que le adoren (Ref. Juan 4).

El materialismo nos hace depender del dinero y de lo que podemos obtener con él. La dependencia del dinero, aun cuando lo ganamos trabajando honestamente, es una actitud constante de falta de dependencia de Dios; es otra manera de ponernos en lugar de Dios, pues con tal actitud estamos diciéndole: “Bendíceme [en mi trabajo] para que yo pueda controlar mi dinero y mis bienes en vez de controlarlos tú”. La culpa de esta actitud no es el capitalismo, el socialismo, o ninguna otra ideología. La culpa de esta actitud es la codicia, el temor, y el “querer ser como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Esta actitud es el peor pecado. Esta actitud pecaminosa es la que produce “falsas bendiciones”. En cambio, la actitud de dependencia de Dios produce que Él “abra las ventanas de los cielos y derrame sobre nosotros bendiciones hasta que sobreabunden” (Malaquías 3:10).

Es cierto, existen tales cosas como “falsas bendiciones”; es decir, logros personales disfrazados que cubren el orgullo y la vanidad que dice: “Yo lo logré con mi propio esfuerzo”, como si las fuerzas necesarias para ese esfuerzo hubiesen sido creadas por uno mismo, en vez de reconocer que han sido creadas por Dios. No debemos desestimar el esfuerzo genuino, pero tampoco envanecernos. Recordemos que, en ocasiones, Dios permite cosas que no son Su voluntad, pero lo hace para llevarnos al quebrantamiento y al arrepentimiento, el cual, finalmente, nos enseña a depender de Él.

Una manifestación del materialismo es depender de lo que la uno posee, en vez de depender de la provision del Señor para las cosas que Él nos ordena hacer. Otra manifestación de la influencia del materialismo, es tener miedo de hacer lo que Dios manda por temor a la falta de recursos. El temor demuestra que la fe está en los bienes materiales y no en Dios, quien es el dueño de todo. Si dependemos del dinero, entonces no tenemos autoridad para enseñarle a nuestros hijos a depender de Dios en todo. Depender de Dios no significa dejar de cumplir con nuestras obligaciones, sino caminar por fe mientras obedecemos las órdenes de Dios. Lo que Dios dice que hay que hacer, tenemos que hacerlo sin temor, porque Él es “Jehová Jiré”, el Dios que provee. Dios no nos pide que produzcamos la provisión, sino que aprendamos a usar la provision que nos da cuando confiamos en Él.

El materialismo viene a ser un ídolo que adoramos aun sin pensarlo. Estamos tan programados mentalmente a depender del dinero, que hacemos girar nuestras vidas en torno a él. En vez de ser una herramienta en nuestras manos, el dinero se ha transformado en un dios de quien depender. Esto es idolatría. La herramienta se transformó en falsa seguridad. El sólo pensar que podemos perder dinero o bienes materiales, nos pone muy nerviosos, y en algunos casos, aun más nerviosos que la posibilidad de dañar nuestra relación personal con Dios. 

La Biblia dice: porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1 Timoteo 6:10). Hoy mismo hay personas que están camino a ser traspasados de muchos dolores debido a amar el dinero y los bienes materiales que poseen.

La Influencia del materialismo en las iglesias: La falsa de doctrina de la prosperidad material como resultado indefectible de la fe, es amor al dinero, no es verdadera fe.

Otra manifestación de la influencia del materialismo es el temor a perder, o a que “no nos alcance”. Eso  es como decir que Dios no tendrá cuidado de nosotros, y por ello, tenemos miedo a la hora de apartar para Dios lo que le pertenece. Dios nos muestra dónde está nuestro corazón. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21). Nuestro corazón siempre corre hacia lo que ama más. Si nuestro tesoro son los bienes materiales (seamos pobres o ricos), allí estarán nuestros sentimientos, nuestras actitudes, decisiones y acciones. El amor al dinero y a los bienes materiales es adoración al dinero, porque éste es el que atrae y maneja nuestro corazón. El amor al dinero y la dependencia del mismo es un ídolo que adoramos sin pensarlo.

El materialismo nos hace descuidar la obra del Señor. Cuando un cristiano ama al dinero trata de negociar con Dios diciendo con su actitud temerosa: “Ok. Dios. Yo te daré un poco de lo mucho que tú me das, y espero que te arregles con eso y lo multipliques para mí y para mi iglesia. Recuerda que prometiste bendecirme”. Las personas influenciadas por el materialismo descuidan la obra del Señor, y en cambio, la hacen su propia obra. No sirven por amor y en obediencia al Señor, sino por lucro; hacen de la iglesia un negocio.

El apóstol Pedro advirtió acerca de la constante influencia del materialismo:

2 Pedro 2. 1-3 “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme”.

Usted ha sido creado por Dios y para Dios. El enemigo le tienta a enamorarse de la manera de pensar del mundo, de las cosas que el mundo ama y en las cuales pierde su tiempo, como por ejemplo, la avaricia por el dinero y los bienes materiales.  Pero, si en cambio, usted ama al Señor Jesucristo de todo corazón, Él será su prioridad y usted hará cualquier sacrificio por Él, porque Él es su Dios, y no su siervo. Si usted es un verdadero cristiano nacido de nuevo, usted servirá a Dios en total confianza y en dependencia de Él.