¿Es posible tener paz con Dios? ¿Tiene usted paz con Dios? La Biblia dice claramente que es posible tener paz con Dios. ¿Pero qué debemos hacer para lograr la pazA con Dios? En realidad, no podemos hacer nada de nuestra parte, debido a que Dios es infinitamente más grande e importante que nosotros, y porque, además, Él es santo y no puede aceptar nuestras obras de bondad como pago por la paz con él, ya que nuestras obras le son “como un trapo de inmundicia” (Isaías 64:6 “ Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”).
De modo que no nos queda ninguna alternativa para lograr la paz con Dios. La única esperanza es que Dios tome la iniciativa de hacer algo para salvarnos… ¡Y él ya lo hizo! ¿Cómo? Enviando a su Hijo unigénito, para pagar el castigo que merecíamos, y de ese modo dar la paz con Dios a todos aquellos que reconocen que son pecadores, se arrepienten de verdad, y creen de todo corazón el Señor Jesucristo y en la única obra que nos salva: la obra de la Cruz. El Señor Jesucristo murió cruelmente en la cruz y al tercer día resucitó venciendo la muerte. Cuando creemos todo esto, no sólo como un acto de nuestra mente, sino con todo nuestro ser, Dios promete declárenos justos delante de él, que es como decir, que nos declara “inocentes”. En el libro de Romanos se usa la palabra “Justificados” y es un término legal que significa: Declarados justos. El Señor Jesucristo resucitó para lograr esta justificación (Romanos 4:25). Su muerte pagó nuestras transgresiones (pecados, rebeldía contra Dios), pero su resurrección produjo nuestra justificación.
Somos justificados “por la fe”. Esto indica que nosotros no podíamos hacer nada por salvarnos. Nuestra fe en Jesucristo, en lo que él hizo por nosotros en la cruz y en su resurrección indica que nuestra salvación dependió solamente de él, no es obra nuestra. Entramos a la salvación por medio de la fe.
“La frase “tenemos paz para con Dios”, significa que la paz es el resultado de la reconciliación con Dios, lograda para nosotros por el Señor Jesucristo. No se refiere al sentimiento llamado paz, sino a la paz en cuanto a haber hecho la paz (Colosenses 1:20 “y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo; así las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”). Pero el sentimiento de paz viene como resultado de la reconciliación con Dios. Es un estado de tranquilidad y seguridad incomprensible para el perdido, pero experimentada por quien es salvo (Filipenses 4:7)
La gracia es un atributo de Dios. Es el favor con Dios aunque no lo merecemos. Es el ser admitidos a Su presencia aun cuando legalmente estaba establecido que debemos ser destituidos de Su presencia. Es el perdón que no podemos comprar pero podemos pedirle. “A esa gracia en la cual estamos firmes”: Estamos firmes solamente en la gracia de Dios. Cuando vienen los sentimientos de inseguridad en cuanto a nuestra relación con Dios, es porque no hemos comprendido la gracia de Dios en la cual estamos firmes. Probablemente te han enseñado que tu salvación depende de tus buenas obras, y esa es la razón por la cual, cuando no puedes lograrlas, te viene la duda y con ello la falta de paz en tu corazón.
Sin embargo, comprender la gracia de Dios a la cual Él nos ha hecho entrar, y en la cual estamos firmes sin la posibilidad de movernos de esa gracia, nos hace personas maduras en la fe, estables emocionalmente, humildes al reconocer que solamente Jesucristo pudo lograr nuestra salvación. Además, esa seguridad nos hace compasivos con aquellos que aún no han entrado a la gracia de Dios, y nos hace apasionados por orar para que sean salvos y hablarles de Cristo.
El otro efecto, o resultado, de la justificación por medio de la fe en Cristo Jesús, es el gozo que nos da la paz con Dios. La felicidad eterna que Dios nos ha prometido se hace real dentro de nosotros. Este gozo en la gloria de Dios sólo es posible en el verdadero creyente, porque no se puede fabricar por medios humanos; es un verdadero milagro. Obviamente, las tribulaciones y los problemas no son algo que deseamos, pero si ocurren para la gloria de Dios debido a sufrir por causa de ser de Cristo, entonces son tribulaciones positivas de las cuales seremos confortados por Dios. La Biblia dice que esas tribulaciones ejercitan la paciencia: (Parte del fruto del E.S. Gálatas 5:22), y la paciencia crea “músculos” en la experiencia de depender de Dios humildemente, y de ser agradecidos a Dios y de aceptar Su voluntad en todo.
La paz de Dios nos da una esperanza divina. Cuando la paciencia experimenta la prueba, la prueba hace crecer la esperanza, la cual es otro regalo, o don de Dios, y es implantado en nosotros en la regeneración (nuevo nacimiento), cuando Dios nos justificó por medio de la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo.
Este regalo de la esperanza va haciéndose cada vez más fuerte y firme, y por lo tanto en vez de sentir vergüenza por esperar algo imposible, o ridículo, a la vista del mundo, nuestra esperanza crece porque viene del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado como un regalo, como un don, como un anticipo de la gloria eterna, porque aun durante el tiempo cuando estábamos perdidos, sin fuerzas y débiles espiritualmente, Jesucristo murió por nosotros y ahora podemos comprender este regalo.
El Señor Jesucristo, siendo perfecto, murió por nosotros que fuimos rebeldes a él. Su gracia es un regalo inmerecido porque “no hay justo ni aun uno” (Romanos 3:10).
La gracia de Dios nos ha hecho justos, nos ha justificado delante de él por la sangre de Jesucristo, y nos garantiza que no vamos enfrentarnos a la ira de Dios. “Seremos salvos de la ira de Dios”. Somos salvos gracias a la vida, la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo. En esto podemos y debemos gloriarnos, porque hemos recibido la reconciliación que produjo la paz con Dios. ¿Tiene usted paz con Dios?